Pilar Muñoa
HIERRO VIVO
Agustina Otero es una artista de sólida formación técnica y estética que trabaja con serenidad y constancia, entregada sin condiciones a la escultura. Mientras permanece en lo que Oteiza denomina el laboratorio del arte, guiada por sus conocimientos y los materiales elegidos, investiga y va dando forma al diálogo que se establece entre su ser y el universo.
Cuando escoge los materiales, su mirada ve más allá de porciones de cosas y sus manos palpan las piedras, las chapas de hierro, las varillas rugosas, las maderas añejas, haciéndolas suyas poco a poco.
Todo esto se irá transformando cuando Agustina Otero proceda a su particular manera de ocupar el espacio y aparezcan lo cóncavo y lo convexo de las chapas curvas oxidadas, las piedras dominadas por el hierro y ciertas formas geométricas recurrentes ceñidas por rugosas varillas. Objetos con algo de primitivo, nacidos con pasado, que podemos tocar y acariciar, celebrando su llegada a nuestro mundo.
Estas esculturas no dependen ni mucho menos de un fortuito “encontrismo” pero a veces sucede que ciertos materiales consiguen estimular la fantasía de la artista y en ese caso ella respeta las formas originales y las utiliza sin transformarlas. Se limita a coordinar los diversos elementos.
Pero cuando un tema prende en ella, lo explora, lo persigue, lo nutre proporcionándole materiales adecuados y así va creando una serie, formando una familia.
Henry Moore reconocía que en una de sus esculturas había copiado inconscientemente una enorme piedra natural que siendo muchacho había contemplado paseando en compañía de su padre. Así también en los objetos de esta escultora sensible y observadora rastreamos recuerdos de lecturas, de un contacto directo y entrañable con África, de Julio González, Constantin Brancusi y hasta de las síntesis velazqueñas del Equipo Crónica. Pero lo cierto es que cuando se ha seguido su obra con interés, ante cada nueva pieza ya podemos decir: esto es de Agustina Otero.
Pilar Muñoa San Sebastián
